Malasia revoluciona el riego agrícola: sensores e inteligencia artificial logran un 95% de precisión para optimizar el uso del agua
Malasia desarrolla el sistema que va a cambiar la agricultura: sensores con IA para ahorrar agua y aumentar el rendimiento
Un equipo de la Multimedia University desarrolló un sistema basado en sensores e inteligencia artificial que anticipa las necesidades hídricas de los cultivos y podría transformar la agricultura en zonas afectadas por la sequía.
Mientras las lluvias del último invierno trajeron algo de alivio en Europa, la crisis hídrica sigue siendo un desafío estructural. En España, los embalses rozaron el 83% de su capacidad a fines de marzo de 2026, pero la recuperación es dispar y regiones como el sureste peninsular continúan en estado crítico. En un escenario donde el agua se convierte en un recurso cada vez más estratégico, la tecnología empieza a jugar un rol decisivo.
Desde Malasia, investigadores de la Multimedia University (MMU) presentaron un avance que podría cambiar para siempre la forma en que se riega en el mundo. Se trata de un sistema que combina sensores subterráneos con inteligencia artificial (IA) capaz de predecir la humedad del suelo con una precisión del 95,49%, un margen de error cercano al 5%. El estudio fue publicado en la revista científica Smart Agricultural Technology y ya genera interés internacional en el campo de la agricultura de precisión.
El problema de regar “a ojo”
En buena parte del mundo, el riego todavía se decide por experiencia, observación visual o calendario. Sin embargo, el estrés hídrico no se detecta en la superficie sino en la zona radicular, entre los 15 y 30 centímetros de profundidad.
Esto significa que un suelo puede parecer seco arriba mientras las raíces aún disponen de agua, o verse húmedo tras una lluvia cuando en realidad la planta sigue sin abastecerse adecuadamente. El resultado: desperdicio de agua, menor rendimiento y, en algunos casos, daños en el cultivo.
Con ese diagnóstico, el equipo liderado por Shamala Maniam implementó su sistema en una plantación de cacao en Perak, al oeste de Malasia. En una parcela experimental instalaron cinco sensores enterrados a distintas profundidades, que registraban datos cada diez minutos. En paralelo, una estación meteorológica recopilaba información climática clave como temperatura, humedad relativa, radiación solar y precipitaciones.
Toda la red funcionó de manera autónoma gracias a paneles solares, enviando los datos a la nube para su procesamiento en tiempo real.
Los investigadores malayos cuentan con un laboratorio para experimentar con los sensores
Una inteligencia artificial con “memoria”
El corazón del sistema es un modelo de red neuronal RNN-LSTM (Long Short-Term Memory), diseñado para interpretar datos que evolucionan en el tiempo. A diferencia de algoritmos tradicionales, este tipo de IA puede “recordar” eventos previos: por ejemplo, una lluvia intensa horas antes o una jornada de altas temperaturas que afectará la evaporación.
La lluvia, la absorción de las raíces y la evaporación no impactan de inmediato en el suelo, sino con cierto retraso. El modelo aprende esos patrones temporales y genera estimaciones dinámicas sobre cómo evolucionará la humedad.
Durante las pruebas, el sistema mostró un desempeño altamente confiable en condiciones estables. No obstante, ante lluvias torrenciales repentinas —frecuentes en regiones tropicales— surgieron picos abruptos que afectaron la precisión. Para resolverlo, los investigadores aplicaron una técnica matemática llamada “Huber loss”, que reduce la influencia de errores extremos y mejora el aprendizaje del modelo frente a eventos inusuales.
Tecnología al servicio del productor
A diferencia de otros desarrollos más automatizados, el sistema no activa directamente las válvulas de riego. Funciona como una herramienta de apoyo a la decisión: genera recomendaciones a través de un panel digital que orienta al productor.
Este enfoque tiene una ventaja clave: es más accesible y escalable. Un esquema completamente autónomo implicaría mayor infraestructura, costos más elevados y una dependencia total de la tecnología. En cambio, el modelo propuesto permite incorporar IA sin desplazar el rol humano.
La MMU viene impulsando la agricultura inteligente desde 2021 con su laboratorio IoT-Based Smart Farming Lab, en colaboración con la empresa MSDI. El objetivo ahora es ampliar las pruebas a distintos suelos, estaciones del año y superficies mayores.
Los investigadores en el laboratorio de agricultura inteligente
¿Qué impacto puede tener en regiones con sequía?
Aunque el ensayo se realizó en Malasia, país con lluvias abundantes y suelos tropicales, el desarrollo abre una puerta interesante para zonas áridas o semiáridas. En regiones como el Mediterráneo español o incluso provincias argentinas con estrés hídrico recurrente, la posibilidad de regar con precisión quirúrgica podría significar menos costos, mayor rendimiento y un uso responsable del agua.
La agricultura consume más del 70% del agua dulce disponible a nivel global. Frente al cambio climático y la variabilidad extrema de las precipitaciones, optimizar cada litro deja de ser una opción para convertirse en una necesidad estratégica.
En ese contexto, soluciones basadas en sensores, IoT e inteligencia artificial no sólo prometen eficiencia, sino también resiliencia productiva. Y en un mundo donde el agua vale cada vez más, anticiparse puede ser la diferencia entre la rentabilidad y la pérdida.
DENARIO