La Casa Blanca notificó al Congreso que da por finalizada la guerra con Irán: “Las hostilidades han cesado”
La administración Trump sostiene que el plazo de la ley de poderes de guerra no aplica debido al cese al fuego vigente desde abril.
El gobierno de Estados Unidos comunicó por carta que las operaciones militares concluyeron y evita pedir una nueva autorización legislativa, en medio de un fuerte debate sobre la Ley de Poderes de Guerra.
La administración de Donald Trump informó formalmente al Congreso que considera terminadas las hostilidades con Irán, en una decisión que abre un nuevo frente de discusión política y constitucional en Estados Unidos.
A través de una carta enviada al presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, y al presidente pro tempore del Senado, Chuck Grassley, la Casa Blanca sostuvo que “no ha habido intercambio de disparos” desde el 7 de abril y que las hostilidades iniciadas el 28 de febrero “han cesado”.
El movimiento no es casual. La notificación llegó exactamente cuando se cumplían los 60 días previstos por la War Powers Resolution, norma que obliga al presidente a obtener autorización legislativa para continuar un conflicto armado más allá de ese plazo, salvo declaración formal de guerra o una prórroga específica para el repliegue de tropas.
El debate por el “reloj” de la guerra
La Casa Blanca argumenta que el plazo ya no corre porque, en los hechos, existe un cese al fuego vigente desde principios de abril. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, sostuvo ante el Congreso que el reloj de 60 días “se pausa o se detiene” cuando cesan los enfrentamientos directos.
Sin embargo, especialistas en derecho constitucional y varios legisladores cuestionaron esa interpretación. El senador demócrata Tim Kaine señaló que el texto de la ley no contempla ningún “botón de pausa”, mientras que su colega Richard Blumenthal fue más directo: aseguró que el bloqueo naval en curso constituye, por sí mismo, un acto continuo de guerra.
El punto central es que, aunque Washington sostiene que las hostilidades terminaron, la Armada estadounidense mantiene un bloqueo destinado a impedir la salida de petroleros iraníes, mientras Teherán conserva control estratégico sobre el estrecho de Ormuz, una vía clave para el comercio energético global. Esa tensión latente complica la idea de un conflicto plenamente cerrado.
Congreso dividido y tensiones internas
En el Senado, el líder republicano John Thune descartó por ahora impulsar una votación para autorizar formalmente el uso de la fuerza. Pero dentro del propio Partido Republicano comenzaron a escucharse voces críticas.
La senadora Susan Collins votó junto a los demócratas para frenar el conflicto y remarcó que el límite de 60 días “no es una sugerencia, es un requisito”. También reclamaron una definición legislativa Lisa Murkowski y otros senadores republicanos que expresaron preocupación por el impacto económico y político de una guerra prolongada.
Desde la oposición demócrata, el representante Adam Smith fue tajante al poner en duda que la administración cumpla estrictamente con la ley.
Un precedente que reaviva la discusión constitucional
Trump sostuvo que la Resolución de Poderes de Guerra es “inconstitucional” y recordó que presidentes anteriores, como Bill Clinton y Barack Obama, también cuestionaron sus alcances.
El trasfondo es una discusión histórica en la política estadounidense: ¿quién tiene la última palabra para iniciar o prolongar una guerra? La Constitución asigna al Congreso la facultad de declarar la guerra, pero en la práctica los presidentes han ampliado su margen de acción como comandantes en jefe.
Donald Trump notificó al Congreso el fin de las hostilidades con Irán justo antes de cumplirse el plazo legal de 60 días.
Impacto internacional y económico
Más allá del debate jurídico, el anuncio tiene consecuencias geopolíticas. El conflicto con Irán tensó el mercado energético internacional y generó volatilidad en el precio del petróleo. Si bien el cese al fuego alivió parcialmente la presión, la permanencia del bloqueo y la amenaza latente mantienen la incertidumbre en Medio Oriente.
Desde el punto de vista estratégico, la declaración de “fin de hostilidades” podría interpretarse como un intento de desescalar sin admitir una retirada formal. También busca evitar una votación en el Congreso que podría fracturar aún más al oficialismo en un año políticamente sensible.
La incógnita es qué ocurrirá si el enfrentamiento se reactiva. Algunos senadores republicanos ya adelantaron que, ante una nueva escalada, exigirán una autorización formal del Legislativo.
Por ahora, la Casa Blanca sostiene que la guerra terminó. Pero en Washington, la discusión recién empieza.
DENARIO