Rada y el recuerdo que parte el alma: "Cuando Campanella decía 'acción', en Brandoni aparecía algo que no estaba hasta ese momento"
Rada recuerda a Luis Brandoni en Otro día Perdido: “Lo único que le importaba en la vida era actuar y le salía una magia sobrenatural”
En Otro día perdido, el mago y actor evocó una jornada de filmación de Parque Lezama bajo el frío y las órdenes de Juan José Campanella. El momento en que tuvo que pedir corte porque se olvidó de actuar. Y la frase que Brandoni le dijo después y que nunca más pudo olvidar.
Hay homenajes que se construyen con discursos preparados, con imágenes de archivo y con elogios que suenan a protocolo. Y hay otros que llegan desde un lugar completamente distinto: desde la memoria viva de alguien que estuvo ahí, en el frío de un parque, mirando a un actor hacer algo que no tiene nombre técnico.
El que ofreció Rada en Otro día perdido, el programa de Mario Pergolini, fue de esos. Sin libreto, sin distancia, con la voz de alguien que todavía no termina de procesar lo que vio aquella tarde en el Parque Lezama, durante la filmación de la serie dirigida por Juan José Campanella.
La escena del frío y la magia
La imagen que Rada pintó con palabras es casi cinematográfica en sí misma. Brandoni sentado, esperando su momento entre toma y toma, tapado con algo porque el frío pegaba fuerte. Un hombre mayor, quieto, en pausa. Y después, la orden de Campanella: "Acción".
"Se paraba y le salía algo que no estaba hasta ese momento", describió Rada, buscando las palabras para explicar una transformación que, según él mismo reconoció, es difícil de racionalizar. No era un calentamiento previo, no era un actor que llegaba encendido al set. Era exactamente lo contrario: alguien que esperaba en silencio y que, en el instante preciso, encendía algo que el frío, la espera y el paso del tiempo no habían podido apagar.
Para Rada, la síntesis de lo que era Brandoni cabe en una sola frase: "Un tipo que lo único que le importaba en la vida era actuar y le salía una magia sobrenatural cuando decían acción". No es una hipérbole. Es la descripción más precisa que alguien que lo vio de cerca pudo encontrar.
El momento en que Rada se olvidó de actuar
Pero la anécdota que dejó al estudio en silencio —y que resume mejor que cualquier análisis lo que Brandoni era capaz de generar— es la del corte que Rada tuvo que pedir.
En medio de una escena, mientras Brandoni hablaba dirigiéndose al personaje de Rada, algo ocurrió que no estaba en el guión: Rada se quebró. No lloró por el personaje. Lloró porque se olvidó de que estaba actuando. Porque lo que tenía enfrente era tan verdadero, tan despojado de artificio, que el mecanismo de defensa del actor —esa distancia técnica que separa al intérprete del estímulo— simplemente dejó de funcionar.
"Tuve que pedir corte, cosa que no hay que hacer", admitió Rada con una mezcla de vergüenza y gratitud. En el ambiente profesional, pedir corte cuando no sos el director es casi una herejía. Pero en ese momento no había otra opción.
“Un tipo que lo único que le importaba en la vida era actuar y le salía una magia sobrenatural cuando decían ‘acción’," expresó Rada
Lo que vino después es la parte que más duele escuchar hoy, con Brandoni ya ausente. Rada se acercó a explicarle lo que había pasado. Le dijo: "Discúlpeme, lo que pasa es que vi tanta verdad". Y Brandoni lo miró y le respondió algo que funciona como testamento actoral: "Pero es que no se puede actuar de otra manera si no es con verdad. Vamos que la vamos a hacer".
Sin teoría. Sin condescendencia. Sin el tono del maestro que baja línea. Solo la certeza tranquila de alguien que lleva décadas sabiendo algo que el otro recién está descubriendo.
"Enseñaba haciendo": el legado que no se aprende en ningún conservatorio
Hay una frase que Rada repitió en el homenaje y que sintetiza algo fundamental sobre Brandoni como figura del teatro y el cine argentino: "Enseñaba haciendo".
No fue docente en el sentido formal —aunque pasó por el Conservatorio Nacional de los dos lados del escritorio en distintas etapas de su vida—, pero dejó más enseñanzas en los sets que muchos profesores en años de clases. Porque la enseñanza que transmitía no era verbal ni teórica: era la del ejemplo llevado al límite, la de alguien que se entregaba tan completamente a cada toma que los que lo rodeaban no podían hacer otra cosa que elevar su propio nivel o quebrarse en el intento.
Rada no es cualquier testigo. Es un artista multifacético —mago, actor, músico— que construyó su carrera desde un lugar completamente distinto al del teatro clásico. Que alguien con ese perfil haya sido sacudido hasta las lágrimas por la actuación de Brandoni dice algo que va más allá del género o la escuela: habla de una verdad escénica que trasciende los formatos.
El estudio que aplaudió de pie y el legado que no cierra
El segmento terminó con un aplauso del estudio que no sonó a protocolo. Sonó a reconocimiento genuino, del tipo que se da cuando una anécdota bien contada logra que quienes nunca estuvieron en ese set sientan que sí estuvieron.
La muerte de Brandoni movilizó a colegas, a espectadores y a una generación entera que lo siguió desde Los Chantas hasta sus últimas apariciones. Pero hay algo en el relato de Rada que captura un aspecto que los obituarios formales no siempre logran transmitir: Brandoni no era grande solo por su trayectoria o sus premios. Era grande porque en el momento en que la cámara empezaba a rodar, hacía algo que los demás no podían ignorar.
Eso no se aprende. Eso, como dijo Rada, simplemente le salía.
DENARIO