Melconian fijó la vara: qué inflación sería fracaso y cuál éxito para Milei
El economista advirtió que el modelo actual busca una baja de precios “imposible” con una economía “estrangulada” y describió el esquema como desbalanceado y asimétrico
El economista analizó el plan económico con una franqueza poco habitual en el establishment: cuestionó la meta de inflación cero en agosto, advirtió sobre una economía "estrangulada" y apuntó a la provincia de Buenos Aires como la región más damnificada. No por Kicillof, aclaró, sino por el sistema.
Carlos Melconian tiene una virtud que escasea entre los economistas que circulan por los medios: pone números concretos sobre la mesa y se hace cargo de ellos. No habla de "tendencias" ni de "escenarios posibles". Habla de porcentajes, de umbrales y de la palabra que nadie en el oficialismo quiere escuchar: fracaso.
En sus últimas declaraciones televisivas, el ex presidente del Banco Nación y referente del ala más ortodoxa del pensamiento económico argentino fijó con precisión quirúrgica el rango dentro del cual la gestión de Javier Milei puede considerarse exitosa, aceptable o directamente un desastre.
El veredicto, resumido: si la inflación cierra el mandato entre el 12% y el 15% anual, hay que aplaudir. Si termina entre el 40% y el 60%, es fracaso sin atenuantes.
El problema de fondo: una economía desbalanceada
Pero antes de llegar a los números, Melconian planteó un diagnóstico que incomoda al Gobierno y que va más allá de la inflación como variable aislada: el modelo económico actual tiene un desequilibrio estructural entre la desaceleración de precios y el nivel de actividad.
"Hoy el modelo económico tiene un problema porque está buscando un nivel de inflación imposible con un nivel de actividad que en promedio, generalizando, está estrangulado", disparó. Y para graficar ese desequilibrio recurrió a una metáfora que cualquiera puede visualizar: "Es como el hombre que va al gimnasio y hace más gambas que torso, o más torso que gambas. Siempre queda desbalanceado".
La imagen es simple pero el diagnóstico es severo: un plan que baja la inflación aplastando la actividad no es un éxito macroeconómico, es un trade-off que tiene ganadores y perdedores muy concretos. Y Melconian no tiene problema en decir quiénes son los que están perdiendo.
"Con lo de la inflación cero en agosto, Milei se fue de boca"
Una de las frases más resonantes del análisis fue la que apuntó directamente a las proyecciones oficiales sobre precios. El Gobierno venía difundiendo estimaciones que sugerían la posibilidad de llegar a inflación cero en algún momento del segundo semestre —agosto era la referencia que circulaba—, y Melconian no se anduvo con vueltas: "Con lo de la inflación con cero en agosto, Milei se fue de boca".
No es una crítica ideológica. Es una observación técnica de alguien que conoce los mecanismos de formación de precios en la economía argentina mejor que la mayoría. Una inflación mensual de cero implica una convergencia de variables —tipo de cambio, tarifas, salarios, expectativas— que el esquema actual no está en condiciones de garantizar en ese plazo.
Lo llamativo es que Melconian no lo dice para destruir al Gobierno, sino para pedirle que baje las expectativas a niveles alcanzables. Que celebre lo que puede celebrar sin prometer lo que no puede cumplir. Que, en definitiva, sea honesto con la sociedad sobre lo que este plan puede y no puede lograr.
El umbral del éxito y el umbral del fracaso
Entonces, ¿dónde está la línea? Melconian la trazó con claridad:
Éxito: Una inflación anual de entre 12% y 15% al cierre del mandato. "Si yo soy del Gobierno y me dicen que terminamos con 12% o 15% de inflación anual, recontra firmo", afirmó. Aclaró que Milei puede terminar su presidencia con inflación de dos dígitos y que eso no debería considerarse un fracaso, siempre que sean "dos dígitos bajos".
Fracaso: Una inflación anual de 40% o 60% al cierre del mandato. Sin matices, sin eufemismos: fracaso.
El rango que queda entre esos dos extremos —digamos, entre el 16% y el 39%— es la zona gris donde el debate político va a ser más intenso. Ahí es donde cada analista, cada partido y cada ciudadano va a poner el acento según su propio criterio y su propia experiencia de estos cuatro años.
La provincia de Buenos Aires: damnificada por el sistema, no por la política
Uno de los puntos más interesantes —y menos comentados— del análisis de Melconian fue su caracterización del impacto regional del modelo. Con una honestidad que no suele verse en economistas que tienen vínculos con el ala no kirchnerista de la política, admitió que la provincia de Buenos Aires está pagando un costo desproporcionado.
"La provincia de Buenos Aires, en términos de cómo se está manejando la economía, es una región damnificada", afirmó. Y enseguida anticipó la interpretación política que iba a disparar esa frase: "Y esto no lo digo de ninguna manera intencional, no es por Axel Kicillof, sino por el sistema".
Es una distinción importante. Melconian no está haciendo kirchnerismo encubierto ni defendiendo la gestión de Kicillof. Está señalando que la arquitectura del plan económico —la forma en que se distribuyen los ajustes, los recortes en transferencias, la caída del consumo— golpea de manera asimétrica a la provincia más poblada del país, independientemente de quién la gobierne.
Eso conecta directamente con su crítica a la narrativa oficial sobre el "modelo de dos velocidades". Para Melconian, esa denominación es un eufemismo que suaviza algo más complicado: "Mal denominado por el Gobierno como dual o de dos velocidades. Yo más bien lo llamo fragmentado o, en realidad, asimétrico".
El punto de vista que el debate oficial evita
Hay algo que el análisis de Melconian pone en evidencia y que merece ser subrayado: la discusión sobre la inflación en Argentina está capturada por los extremos y le falta precisión técnica en el medio.
Por un lado, el oficialismo presenta cualquier dato de desaceleración como un triunfo histórico y proyecta metas que los propios economistas afines consideran irreales. Por el otro, la oposición más dura rechaza cualquier reconocimiento de avances y maximiza cada dato negativo.
Melconian, que no es kirchnerista ni libertario, ofrece algo más útil: un marco de evaluación concreto, con umbrales definidos, que permite saber en qué momento estamos y hacia dónde vamos sin necesidad de alinearse con ningún bando.
Eso, en el contexto de polarización extrema que vive la política económica argentina, es un aporte que vale más de lo que parece. Porque la inflación no es solo un número. Es el termómetro que millones de familias argentinas usan para saber si están mejor o peor que antes. Y merecen tener referencias claras para evaluarlo, no solo slogans.
DENARIO