Consumo en tensión: crecen las compras fraccionadas y las marcas propias ante la pérdida de poder adquisitivo
Las grandes cadenas acumulan una caída del 5,4% en el primer trimestre de 2026
Con inflación persistente y salarios que no logran recomponerse al mismo ritmo, las familias ajustan hábitos a diario. Supermercados grandes en baja, auge del e-commerce y mayor protagonismo del almacén de barrio.
El consumo no se frenó por completo en la Argentina, pero cambió de forma. Menos visitas al supermercado, tickets promedio más bajos, mayor presencia de segundas marcas y marcas propias, y una vuelta al comercio de cercanía como estrategia de control del gasto. Lo que comenzó como una reacción al shock económico de 2025 hoy se consolida como un nuevo patrón estructural de compra.
Los datos del primer trimestre de 2026 confirman la tendencia. Según la consultora Scentia, el consumo masivo cayó 5,1% interanual en marzo y acumuló un retroceso del 3,1% en el trimestre. La Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) registró en marzo una baja del 1,3% interanual y del 0,5% frente a febrero. En paralelo, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) informó que las ventas minoristas pyme suman 11 meses consecutivos en caída, con una baja acumulada del 3,6% en el primer trimestre.
Inflación persistente y salarios que no alcanzan
El contexto macro explica buena parte del fenómeno. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) acumuló 9,4% en el primer trimestre, con variaciones mensuales superiores al 2% durante más de medio año. Si bien el precio promedio de productos de consumo masivo subió 23,1% interanual en marzo —por debajo del 32,6% del IPC— la facturación nominal creció solo 20,4%, lo que evidencia caída real en volumen.
En otras palabras: los ingresos formales mejoraron en términos nominales, pero no lo suficiente como para reactivar el gasto. El resultado es un consumidor más racional, más selectivo y con menor margen para compras impulsivas.
El supermercado grande, el más golpeado
El desglose por canales muestra con claridad dónde pega más fuerte el ajuste. Las cadenas de supermercados acumulan una caída del 5,4% en el trimestre y del 7% en marzo. Los mayoristas registraron un retroceso aún mayor: 8,8% interanual en el mes. Autoservicios independientes y comercios tradicionales también operan en baja.
La excepción es el comercio electrónico, que creció más de 30% interanual en el primer trimestre. Las farmacias mostraron una leve mejora, mientras que el resto del mapa comercial sigue en terreno negativo.
Geográficamente, el AMBA aparece más afectado que el interior del país, donde algunos comercios logran amortiguar mejor la caída. En el sector lácteo, por ejemplo, el volumen del trimestre se mantuvo estable frente a 2025, aunque con diferencias marcadas entre regiones y canales.
Qué se compra menos (y qué resiste)
Por categorías, los rubros más castigados fueron limpieza del hogar y ropa, productos perecederos, desayuno y merienda, higiene personal y alimentos básicos. Las bebidas alcohólicas fueron la única categoría con suba interanual.
Detrás de estos números hay una conducta clara: menos viajes al punto de venta y canastas más chicas. Un informe de Worldpanel by Numerator detectó que la frecuencia de compra cayó 8,2% y el volumen por visita bajó 4,7%. El consumidor evita eliminar categorías completas, pero reduce cantidades o posterga reposiciones.
La segunda marca ya no es “plan B”
Uno de los cambios más visibles en góndola es el avance sostenido de marcas propias y segundas marcas. Las diferencias de precio pueden superar el 50% frente a líderes de mercado en productos como pan lactal, lácteos o gaseosas.
Pero el fenómeno va más allá del ahorro puntual: se consolida una polarización del consumo. Las marcas premium sostienen volumen apoyadas en promociones y financiamiento, mientras que las opciones de mejor relación precio-calidad se transforman en refugio. En el medio, las marcas tradicionales pierden espacio.
Desde la CAME describen además un aumento de compras fraccionadas y mayor uso de promociones bancarias para estirar el presupuesto. El efectivo disponible determina qué y cuánto se compra.
El almacén como herramienta de administración
El comercio de cercanía recupera protagonismo. Comprar en el almacén del barrio, en menores cantidades y con mayor frecuencia, permite un control más fino del gasto diario. Para muchas familias, el día 20 del mes ya funciona como un “nuevo fin de mes”.
Este cambio reduce el stock en el hogar y aumenta la reposición constante, una dinámica que favorece a los formatos pequeños por sobre los hipermercados.
El canal mayorista fue el más golpeado del primer trimestre: cayó 8,8% interanual en marzo, el peor registro entre todos los formatos de venta
¿Hay señales de recuperación?
Para el segundo trimestre, el panorama sigue siendo prudente. Casi la mitad de los comerciantes pyme espera estabilidad en las ventas, mientras que una porción menor proyecta mejora. Más del 59% considera que no es un momento adecuado para invertir.
El dato que genera expectativa es el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central de la República Argentina, que proyecta una inflación del 2,6% para abril y 2,3% para mayo, lo que implicaría la primera desaceleración significativa en casi un año.
Un nuevo consumidor, más estratégico
Más que un simple ciclo recesivo, lo que emerge es un consumidor distinto: planifica más, compara precios, migra entre marcas y canales y prioriza lo esencial. La pregunta ya no es solo cuándo se recuperará el consumo, sino qué tipo de consumo volverá.
En un escenario de ingresos ajustados y expectativas moderadas, la reactivación dependerá no solo de la inflación, sino también de la recomposición real del salario y de la confianza en la estabilidad económica.
Por ahora, el mensaje es claro: el gasto no desapareció, pero se volvió más inteligente, más fragmentado y mucho más cauteloso.
DENARIO