El Banco Central no para: 70 ruedas seguidas comprando dólares y más de USD 6.100 millones acumulados en el año
El BCRA hilvanó 70 jornadas consecutivas con compras de divisas.
Este lunes el BCRA sumó otros USD 131 millones en el mercado oficial y ya alcanzó el 61% de la meta anual de reservas. El dato positivo convive con una señal de alerta que pocos están mirando: la morosidad bancaria tocó su nivel más alto en más de dos décadas.
Setenta ruedas. Setenta jornadas seguidas comprando dólares en el mercado oficial, sin un solo día de pausa. El Banco Central de la República Argentina (BCRA) consolidó este lunes una racha que, en el contexto de los últimos años de la economía argentina, merece al menos una pausa para dimensionarla: desde que arrancó el nuevo esquema monetario en enero de 2026, la autoridad monetaria acumuló USD 6.151 millones, una cifra que ya representa más de la mitad del objetivo anual fijado para todo 2026.
La compra del lunes fue de USD 131 millones, y el ritmo no da señales de frenarse. Solo en la última semana, el BCRA sumó 595 millones de dólares, una aceleración notable respecto de los meses anteriores que refleja una combinación de mayor oferta de divisas en el mercado y un tipo de cambio que se mantiene cómodamente por debajo del techo de la banda cambiaria.
Los números detrás de la racha
El esquema cambiario vigente fija la banda superior en 1.687,07 pesos, mientras que el dólar mayorista cerró este lunes en 1.377 pesos, es decir, un 22,5% por debajo de ese techo. Esa distancia es la que le permite al BCRA seguir comprando en el mercado sin rozar los límites del sistema. Mientras el tipo de cambio se mantenga lejos del tope, la ventana de intervención sigue abierta.
El volumen operado en el segmento de contado llegó a 514,7 millones de dólares, con una demanda robusta que sostuvo la cotización mayorista con una suba de apenas 12,50 pesos, retornando al valor del 9 de abril.
Sin embargo, hay un dato que matiza el optimismo: las reservas internacionales brutas cerraron en USD 45.747 millones, con una caída diaria de 44 millones. La aparente contradicción entre comprar dólares y ver caer las reservas tiene una explicación técnica: el Tesoro Nacional le compró divisas al propio BCRA para afrontar pagos de deuda, lo que compensó parcialmente el ingreso. A eso se sumaron variaciones en la valuación de activos como el oro y los bonos en un contexto internacional que sigue siendo volátil. El pico del año fue en febrero, cuando las reservas tocaron los 46.905 millones de dólares, el nivel más alto desde 2018.
La meta anual y la pregunta del millón
El BCRA ya completó el 61% del objetivo de compras para 2026. Las proyecciones oficiales son ambiciosas: el presidente del organismo, Santiago Bausili, estima que el saldo neto de adquisiciones podría ubicarse entre 10.000 y 17.000 millones de dólares al cierre del año, dependiendo de la demanda de pesos y la oferta de divisas.
Para sostener ese ritmo comprador, el Central emitió pesos sin recurrir a mecanismos de esterilización, mientras que el Tesoro colocó títulos en moneda local para absorber liquidez y evitar que esa emisión se traduzca en presión sobre el tipo de cambio o en un rebrote inflacionario. El equilibrio es delicado y cualquier shock externo —una caída en los precios de las materias primas, un endurecimiento de las condiciones financieras globales— puede alterar el escenario en cuestión de días.
Las medidas para reactivar el crédito
En paralelo a la política cambiaria, el BCRA tomó esta semana una decisión orientada a dinamizar el sistema financiero: flexibilizó los requisitos de encajes bancarios y reabrió la ventanilla de pases activos, dos medidas que apuntan a restablecer el corredor de tasas de interés.
El corredor funciona con dos extremos: el piso lo marcan los pases pasivos al 20% —la tasa que el Central le paga a los bancos por sus excedentes— y el techo lo definen los pases activos al 25%, la tasa que cobra cuando las entidades necesitan liquidez de emergencia. Al restablecer ese marco, el BCRA busca que la tasa de interés de mercado deje de fluctuar de manera imprevisible y se mantenga dentro de un rango conocido, dándole más certidumbre al sistema financiero y abaratando gradualmente el costo del crédito.
El dato que nadie está mirando con suficiente atención
Aquí aparece el punto de vista que los titulares optimistas suelen dejar de lado: mientras el BCRA acumula dólares y el Gobierno celebra la racha compradora, la morosidad bancaria alcanzó en febrero el 11,2%, su nivel más alto en más de veinte años.
El dato surge de la Central de Deudores del propio Banco Central y fue procesado por la consultora 1816: los créditos otorgados a hogares registran un deterioro sostenido durante 16 meses consecutivos. Traducido al lenguaje de la calle: hay cada vez más familias argentinas que no pueden pagar sus deudas con los bancos.
La paradoja es evidente. El tipo de cambio está estable, las reservas crecen, el BCRA compra dólares todos los días. Pero el crédito al consumo se deteriora mes a mes y la mora no para de subir. Eso sugiere que la estabilidad macroeconómica todavía no se está derramando hacia los bolsillos de la gente, y que la recuperación —si existe— es por ahora un fenómeno de las grandes variables, no de las economías domésticas.
La reapertura de la ventanilla de pases activos y la flexibilización de encajes apuntan, justamente, a atacar ese problema desde el lado de la oferta de crédito. Si los bancos tienen más liquidez y el costo de fondeo baja, en teoría deberían prestar más y más barato. Pero con una morosidad en máximos históricos, el incentivo a prestar también se reduce: nadie quiere encadenar créditos nuevos sobre una cartera que ya muestra señales de estrés.
El desafío del segundo semestre será, entonces, si el BCRA puede mantener la racha compradora de dólares mientras simultáneamente descomprime la situación del crédito minorista. Las dos cosas al mismo tiempo no son imposibles, pero requieren un equilibrio que hasta ahora el Gobierno no terminó de encontrar.
DENARIO